La corbata de Ceferino

El tiempo pasaba más rápido que las antiguas y descuidadas carretas que desfilan frente a casa por las noches, con caballos mancos y gente herida. Aquella noche, el humo del cigarro de Don Ceferino llegaba hasta el techo pero él seguía postrado en el sillón de la sala, sin preocupación alguna.

La noche era muy extraña, a esto se le sumaba la notable ausencia de su familia. La soledad lo acompañaba, solo ella solía escucharlo en momentos como ese.

No comprendía nada con los bolsillos llenos de polvo y los ojos cansados como si hubiera estado durmiendo por años.

—Me siento abandonado. Como el sol, cuando debe ocultarse por las noches.— pensaba con las manos ásperas que revolvían una olvidada barba sin forma.

Recorrió cada habitación más de diez veces, realmente no podía creerlo. No encontró a las mascotas en el patio, ni siquiera alcanzó a ver el pote de comida de su único perro, el único entre dos gatos y un loro mal educado, también hablador.

—Hasta los animales me abandonaron.— decía en su mente. Lo decía con los ojos cerrados, esperando escuchar algún ladrido de perro.
Instantes después, sus ojos se cerraban, sus latidos desaparecían, su respiración se hacía lenta y su mente se desvanecía. Miró hacia el suelo, algo consciente aún.

—Llevo puesta la misma corbata.— susurró mientras abandonaba su hogar aterrorizado.

Muy débil y con frío caminó varias esquinas, las suficientes para llegar a aquel otro lugar y volver a cerrar los ojos por siempre.

—Debo dejar de fumar.— dijo mientras se metía al ataúd, esas fueron sus últimas palabras, las reales. Años atrás cuando murió asfixiado, no tuvo oportunidad de decir nada.

Comentarios

Walter dice

cha! el fantasma de ceferino entonces? y un mensage de concientizacion entre lĂ­neas.. los que fuman siempre terminan siendo fantasmas reprimidos en la Tierra... o simplemente no se van al cielo(?)

Deje el suyo...